Yo cuando chiquitita fui borracha. Fue un periodo extraño, tenía trece años, a mis compañeras les habían crecido pechugas y caderas, mientras yo seguía siendo una gordita sin tetas, para que decir caderas si ni hoy tengo. Quería encajar (en ese tiempo), no me gustaba ser distinta, ellas hablaban de chicos guapos que se acercaban en los recreos o fiestas, y a mi no me daban ni la hora. Estaba condenada a sufrir, con mi personalidad infantil y mi cuerpo con las mismas características, la adolescencia iba a ser compleja. Así que para tener más llegada, era más audaz. Fumaba “a la salida” del colegio, tomaba y hablaba idioteces. Fue así como una tarde se nos ocurrió juntarnos en mi departamento para tomar un poco y luego ir a una fiesta en el Claretiano (que en paz descanse). Recuerdo haber tomado gin, cerveza y ron, todo eso mezclado con una anemia que me afectaba misteriosamente. Solo recuerdo algunas imágenes borrosas, por ejemplo yo bajando las escaleras afirmada de dos compañeras y la misma escena, pero en el metro. Cuento corto, despierto en el hospital Exequiel González, con dolor de cabeza, mi brazo apretado por la máquina que mide la presión y una enfermera diciéndome que si fuera mi mamá me sacaba la cresta. Estuve internada una noche, no sé con claridad que tan grave estuve, pero digamos que mucho para ponerle dramatismo a la cosa. Llegaron mis papás a buscarme, no decían nada y yo menos. En el auto me siento en confianza y digo - Estoy siguiendo los pasos del tata ah - mis papás se ríen.
Desde entonces mi mamá odió a mis compañeras, según su versión me dejaron botada en la calle y una señora que me pillo en la puerta de su casa llamó a mi mamá. Al lugar llegaron los pacos, pero mi mamá se las arregló para subirme en un taxi y desaparecer de la escena rápidamente. Yo como no sabía nada, no me atrevía a culpar a mis compañeras, pensaba que en su lugar quizás habría hecho lo mismo si veo a los pacos, pero sucede con las mamás que uno nunca es el culpable, siempre son “los otros”, amigos o pareja, incluso hasta tu papá, pero nunca la culpa la tiene uno. Las madres tienden a ver en uno la perfección, ante sus ojos, por cagados que estemos, siempre seremos una víctima del sistema, del amor, del trabajo, etc. No falta el amigo que ellas consideran mala junta y hacen lo posible por ensuciar más su imagen y alejarte en lo posible de aquella manzana podrida, cuando muchas es veces es uno el que está podrido. Me parece que todo eso se debe a que una falla en nosotros, es una falla de ellas como madres, quizás sienten que hicieron mal la pega y prefieren culpar al mundo que a nuestros impulsos. Yo ahora de grande fumo y tengo la impresión de que ella vive pensando en que lo dejaré, que es una costumbre momentánea y que seguro las malas juntas me lo pegaron.
Desde entonces mi mamá odió a mis compañeras, según su versión me dejaron botada en la calle y una señora que me pillo en la puerta de su casa llamó a mi mamá. Al lugar llegaron los pacos, pero mi mamá se las arregló para subirme en un taxi y desaparecer de la escena rápidamente. Yo como no sabía nada, no me atrevía a culpar a mis compañeras, pensaba que en su lugar quizás habría hecho lo mismo si veo a los pacos, pero sucede con las mamás que uno nunca es el culpable, siempre son “los otros”, amigos o pareja, incluso hasta tu papá, pero nunca la culpa la tiene uno. Las madres tienden a ver en uno la perfección, ante sus ojos, por cagados que estemos, siempre seremos una víctima del sistema, del amor, del trabajo, etc. No falta el amigo que ellas consideran mala junta y hacen lo posible por ensuciar más su imagen y alejarte en lo posible de aquella manzana podrida, cuando muchas es veces es uno el que está podrido. Me parece que todo eso se debe a que una falla en nosotros, es una falla de ellas como madres, quizás sienten que hicieron mal la pega y prefieren culpar al mundo que a nuestros impulsos. Yo ahora de grande fumo y tengo la impresión de que ella vive pensando en que lo dejaré, que es una costumbre momentánea y que seguro las malas juntas me lo pegaron.



